Barbie: la perversidad de los discursos
Ayer hice lo que nunca había hecho: volver a ver una película que, de inicio, no me gustó. Barbie, de Greta Gerwig. La primera vez que la vi me pareció una película predecible en su discurso, políticamente correcta, por esa tendencia que hay hoy entre tanta producción que le escribe a todos para quedar bien con todos. Y, sobre todo, una película simple que pretende ser para niños y adultos. Simple y sosa en su propuesta de ubicar a los personajes en dilemas humanos con aparente profundidad, que resulta limitada; y cuyas dimensiones son estáticas: dramas trillados, lugares comunes de demandas capitalistas. En la segunda vista, encuentro en esos aspectos críticos, que identifiqué la primera vez, un elemento perverso. La perversidad de la mega corporación de la industria del juguete que se observa a sí misma para validarse y legitimar la comercialización de discursos mediante sus muñecas. El discurso no es de Matel ni de Greta, es un discurso que se viene cocinando desde que la he...




