¿Qué tienen en común un político y un pintor?
El encuentro entre Churchill y Sutherland en el capítulo "Asesinos", de The Crown

Lo que me encanta del guion del capítulo es el modo como trazaron las tensiones entre los dos hombres, el pintor y el -ya para esa época, 1956- legendario líder político, quien también se dedicaba a la pintura. De fondo, lo que aborda el capítulo son temas que, a los que amamos el arte, nos hace chuparnos los dedos: ¿qué debe primar en un retrato de un personaje histórico tan relevante y que, además, estaba vivo?, ¿debe representarse al héroe, al que mantuvo a un país unido y fuerte mientras era bombardeado por los nazis, o al hombre de carne y hueso, que ha caído en las desgracias cotidianas de la vejez?, ¿qué es la verdad y qué es el concepto en un retrato y cómo trazar lazos entre los dos aspectos?, ¿cómo representar el imaginario nacional del héroe sin perder la esencia del hombre?, ¿con quién está comprometido un pintor en su obra, a su capacidad creativa, a la verdad, a satisfacer los requerimientos de su cliente?
El subtexto del capítulo es de una fibra emocional muy bien construida.
En el proceso de elaboración del retrato, Sutherland realiza varias visitas a la casa de Churchill en Chartwell. Primero toma fotografías de su retratado, luego hace bocetos en carboncillo, luego adelanta estudios del retrato al óleo.
Vemos a un Churchill que, hasta para ser retratado, quiere manejar la situación, quiere asegurarse de que su fuerza y gallardía política sea reflejada en el retrato. Y, por su parte, vemos la resistencia del artista a que su obra se intervenida, y que procura mantener su independencia y su visión sobre el intento de control del retratado.
Churchill, con la sorna y astucia que lo caracteriza, increpa al pintor acerca de su visión artística modernista en los temas del poder y de la propia identidad histórica. Sutherland es cortante y reticente a las provocaciones del viejo político, pero comprometido y enfocado con su proyecto.
A pesar de la aparente distancia abismal entre los dos hombres, el retrato y las discusiones que se trazan en su elaboración, el proceso impulsa a cada hombre a profundizar más en el otro, en tratar de descifrarse el uno al otro para poder entender, desde cada orilla, "qué es lo que el otro ve en mí", y "quién soy yo respecto al otro".

Entonces, el retrato se convierte en un espacio de exploración personal, que lleva a la autoconciencia a partir de la conciencia del otro. Así, muy en la onda de Ricoeur. El acto de pintar, el impulso por el arte, se convierte en el punto de conexión entre los dos hombres que les va a permitir entenderse en otro lenguaje.
A sus 80 años, Churchill ya tenía una afición por la pintura convertida en carrera, que le permitía alardear de pintar 60 obras al año. Estaba obsesionado con pintar el estanque de su casa en Chartwell, el cual, renegaba, le resultaba esquivo para captar y llevar al lienzo.
Sutherland, en su investigación del retratado, revisa la obra pictórica de Churchill e identifica esta obsesión como un elemento clave para entender al político. Por eso, vemos en el capítulo de la serie al pintor realizando una copia de una de las tantas versiones del estanque de Churchill. Por su parte, Churchill hace lo mismo con una de las obras de Sutherland; se trata de “Pastoral”, un aguafuerte endiablado que transforma un paisaje idílico en un escenario oscuro y retorcido.

En la escena perfecta de este capítulo los dos hombres dialogan sobre la visión que tiene Churchill de pintar como una batalla:
CHURCHILL
Painting a picture is like fighting a battle. A bloody battle, where there can only be one victor. A painting succeeds or fails. It is either good, or bad. In a gladiatorial battle to the death, either Art wins, or the artist.
Silence.
CHURCHILL
Are you winning?
SUTHERLAND
I hope so.
CHURCHILL
Will I like it?
SUTHERLAND
That may be too much to ask for, but I take heart from the fact that your own work is so honest and revealing.
Entonces, es el momento en que, en el hallazgo de que cada uno intentó copiar una obra del otro, los hombres por fin pueden encontrarse para comunicarse de la manera más clara y descarnada.
Fuera la investidura del pintor, o la del político, Churchill y Sutherland se descubren como dos hombres que han luchado contra sus propios demonios por un episodio similar: la pérdida de un hijo.
Ambos son hombres que han sufrido los envistes de la vida, aquellos que sufren todos los mortales (no los pintores famosos o los héroes nacionales de guerra), y de los que resulta imposible escapar.
En su charla sobre la manera como Sutherland interpreta la obra del estanque de Churchill, el político entiende que la obsesión por ese tema y ese paisaje en específico, es la obsesión del que está haciendo un llamado de auxilio desesperado ante la injusticia de la vida. Como Job, cuando le reclama a Dios por solo recibir desgracias. Ambos paisajes, el estanque de Churchill, y el “Pastoral” de Sutherland, son el grito desesperado de Job, a través de la pintura.
The Goldfish Pool At Chartwell
Winston Churchill, 1932
Y aquí les dejo el final del diálogo, que es un regalo de los más bellos que uno puede recibir de esta serie. Y si lo pueden ver en la serie, mejor, porque la actuación de John Lithgow como Churchill, y de Stephen Dillane (sí, el mismísimo que hizo de Stannis Baratheon en Game of Thrones) como Sutherland, es de lo más elevado en actuación que yo he visto últimamente.
SUTHERLAND
I just think all our work is unintentionally revealing. And I found it especially so with your pond. In that work beneath the tranquility and light playing on the surface, beneath the elegance, I saw honesty. And pain. Terrible pain. Beneath the muted colours, the framing immediately suggested to me there was something in the water that you wanted us to see. That there in the water - deep below - there was great despair. Hiding. Like a Leviathan. An ocean-dwelling monster.
CHURCHILL
You saw all that?
SUTHERLAND
I did, Sir.
CHURCHILL
Does that say more about you, Mr. Sutherland? Or me?
...
CHURCHILL
All that gnarled and twisted wood. Great ugly dabs of charcoal. Something malevolent and sinister about that forest.
SUTHERLAND
That is very perceptive. Those were difficult times. Our son, John, passed away aged two months.
CHURCHILL
I am sorry.
...
CHURCHILL
We settled upon the name ‘Marigold’ on account of her wonderful golden curls. The most extraordinary burnt orange. Regretfully, but perhaps mercifully, I was not present when she died. When I came home, Clemmie roared like a wounded animal. We bought Chartwell a year after Marigold passed. That’s when I built the pond. But one persists, Mr. Sutherland. Despair merely fuels one’s appetite for peace. It is the paradox of grief. Indeed perhaps of life. Without hope.
Finalmente, la visión de Churchill sobre el poder y su propia gloria juzgan la obra de Sutherland y el destino de esta ha quedado registrado en la historia como una batalla más ganada, con frustración y desprecio, por el líder. Encuentro en ello, en ese rechazo ante la visión contemporánea del artista, una resistencia ante una visión diferente de la historia.

En una escala individual, la obra terminada y su posterior destrucción proyecta la manera como cada hombre intenta asumir la pérdida de sus hijos. Ninguna de las dos es una postura festiva, en ambas hay dolor, pero en la obra terminada del artista las huellas que deja el dolor son aceptadas, son parte de la evidencia de que se ha vivido y se ha sufrido. Y eso también es histórico: Sutherland traza en el retrato de su héroe histórico, tanto las heridas de grandes guerras como las heridas de las batallas individuales de cada hombre. Churchill los representa a los dos.
En cambio, la rabia de Churchill ante su retrato de hombre envejecido, cansado y pesado -como se debe ver todo guerrero al final de la contienda- y su decisión de destruirlo es la expresión de su frustración ante la imposibilidad de la gloria eterna. Lejos, aún, de los hombres de carne y hueso, Churchill quiere morir siendo recordado como un guerrero sin heridas.







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