El Pasaje Rivas y los muebles de Beatriz González. Creación, valoración y crítica

Este texto fue presentado en un seminario de investigación cuando cursé materias de la Maestría en Historia y Teoría del Arte de la Universidad Nacional. Es un texto que, como otros míos, nunca salió del aula y de mis archivos de estudiante. Considero que es un buen momento para publicar este texto que, en su momento, disfruté pensar y escribir y que, ahora, me hace volver a pensar en la importancia fundamental de la obra de Beatriz González. Hago esta publicación en recuerdo y en honor a ella.


27 de noviembre de 2014

 

En el marco de una investigación sobre el Pasaje Rivas y la relación que en este lugar es posible encontrar entre el arte, la artesanía y la cultura material en Bogotá, quisiera presentar en la siguiente crítica mis apreciaciones sobre los muebles que Beatriz González adquirió en este pasaje y que intervino artísticamente en 1970. Para mí, el hecho de que la artista haya adquirido los muebles en el Pasaje Rivas es clave para entender su propuesta y me permite suscitar la reflexión acerca de la relación entre arte denominado culto, el arte popular y la artesanía. Considero que esta relación se establece en el Pasaje Rivas en tres nociones importantes para abordar: la creatividad, el acto de asignar o encontrar un valor en el objeto creado y la importancia de la crítica como acto que establece una relación entre los dos primeros elementos.

 

Para demostrar mi planteamiento y desarrollar mi reflexión, primero mostraré imágenes de los muebles: compararé entre los muebles sin haber sido intervenidos y la manera como fueron transformados por Beatríz González. En Youtube se encuentra un video en el que la artista es entrevistada, en el Pasaje Rivas, por Gloria Valencia de Castaño para el programa “Correo Especial”. En esa entrevista podemos escuchar de la boca de la artista cuál es la relación que establece entre el lugar y su propuesta artística con los muebles. En este punto reflexionaré sobre dos de las categorías propuestas: la primera categoría, la creatividad, tomando como personajes al productor de los muebles y, del otro lado, el artista. La segunda categoría es la de la valoración del objeto, en este caso pretendo revisar la valoración que tanto el consumidor como el artista realizan de los muebles.

 

 

1.      Los muebles del Pasaje Rivas antes y después de Beatriz González

 

Según la placa conmemorativa de los 120 años de existencia del Pasaje Rivas que se encuentra ubicada en la entrada de la carrera décima en Bogotá, este lugar fue inaugurado en marzo de 1893. En el documento sobre los pasajes del centro histórico de la ciudad de Bogotá, publicado por el Instituto Distrital de Patrimonio en 2010, se especula que el Pasaje Rivas es el pasaje más antiguo de la ciudad y desde sus inicios se distinguió por ser un espacio para el comercio popular. La técnica y materiales de su construcción, que aún hoy se pueden ver, hacen más notorio este carácter popular: la tapia pisada, la cubierta de tejas de barro, las vigas de madera, entre otras.

 

Vista de la mercancía que se exhibe en la entrada de la carrera novena del Pasaje Rivas. La mayoría de esta mercancía artesanal es elaborada en fique, madera y arcilla. 
Autor: Ricardo Baez 
Copyright: www.ricardobaez.com


 La mercancía que se vende actualmente en el pasaje es de tipo artesanal, la misma que, desde sus inicios, se sacaba en exhibición en la carrera novena. Por la entrada de la carrera novena encontramos diferentes objetos artesanales realizados en fique como canastos, moisés, cunas, baúles, armarios; también existen objetos elaborados en madera como alacenas, taburetes, mesas, butacas,  juguetes, dentro de los que se distingue el caballo de madera; otros elaborados en barro como ollas, alcancías y vasijas decorativas; y muchos otros objetos hechos en diversos materiales como cobijas, ruanas, lazos, individuales para la mesa del comedor, etc.

 

La construcción de la carrera décima en los años 40 del siglo XX posiblemente abrió el pasaje al comercio y lo conectó con las ideas de progreso vigentes para esta época. Audelino Gutierrez, uno de los comerciantes más antiguo del Pasaje Rivas, quien afirma que trabaja en este lugar desde más de 60 años, dice en una entrevista concedida en 2013 a Lena Imperio,  participante de la presente investigación, que en los años en que en los años 70 este lugar era conocido como “el Unicentro de los pobres” porque era el lugar donde las personas de clase media y baja tenían la posibilidad de comprar juegos de alcoba completos a módicos precios; además, los comerciantes realizaban ofertas que permitían equipar el mobiliario con colchón, almohadas y cobijas. Audelino Gutiérrez afirma que anteriormente los muebles se producían en cedro caquetá, una madera de buena calidad que se conseguía fácilmente y que se vendía a precios económicos. Sin embargo, la escasez de esta madera generó que su precio aumentara, lo que hizo que se empezara a producir con otro tipo de materiales más económicos como el pino.



Canción de cuna.

1970.

Esmalte sobre lámina de metal ensamblada en muele metálico.

70x150x105 cm.

MoMA

https://www.moma.org/collection/works/125437


Para saber cómo eran los muebles de metal que se vendieron en el pasaje Rivas es necesario tomar como referente los muebles que intervino Beatriz González. La mayoría de los muebles realizador por Beatriz González fueron hechos en metal: cama cunas, camas, mesas de noche y otros tipos de mesas. Sin embargo, también encontramos otros muebles hechos en madera como tocadores, mesas de sala y bandejas, finalmente encontramos otros objetos realizados en otros materiales: canastos en mimbre, cerámicas y otros recipientes metálicos. Observando estos muebles encontramos que la intervención de González no modificó el material original ni su forma, como tampoco su peculiar decoración original.

 

Los muebles que Beatriz González intervino fueron resultado de un proceso de producción industrial realizada por pequeños fabricantes que producían de acuerdo al ritmo de la demanda, tal como lo afirma el comerciante Audelino Gutiérrez. Eran muebles que estaban dirigidos para una población que buscaba comodidad y lujo a bajo costo por lo que pretenden solucionar ciertas necesidades económicas y, a la vez, determinadas aspiraciones estéticas. El metal y la madera en la que están elaborados los muebles son económicos, lo que le permite al pequeño industrial producir en mayor cantidad adicionando ciertos detalles decorativos.

  

 


 

1. Kennedy (John FitzGerald) político demócrata norteamericano (1917-1963), presidente de los EEUU en 1961. Murió asesinado, 1971

Esmalte sobre metal ensamblado en mueble metálico

Colección de Arte del Banco de la República, Colombia

© Beatriz González, 2018

2. Gardel, 1971.

Esmalte sobre metal ensamblado en mueble metálico

Colección de Arte del Banco de la República, Colombia

© Beatriz González, 2018

3. Encajera in situ 1973. 

Esmalte sobre lámina de metal embalada  en mueble de mimbre. 20x25x40 cm. 

Colección de Arte del Banco de la República, Colombia

© Beatriz González, 2018

Junto a mi grupo de investigación, tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Fernando Gutiérrez, hijo de Audelino Gutiérrez, que en una parte de su relato nos habló acerca de las camas radio, uno de los muebles que Beatríz González adquirió para realizar sus trabajos. Fernando Gutiérrez es una de las fuentes más relevantes al momento de investigar sobre el Pasaje Rivas: se ha dedicado por treinta años a ser comerciante en este lugar; ha vinculado su formación académica como periodista y comunicador social para realizar investigación sobre su historia y fue quien tuvo la iniciativa de realizar la celebración de los 120 años del Pasaje en 2013.

 

Para realizar sus obras “Naturaleza casi muerta” (1970) y “La muerte del justo” (1973), Beatriz González utilizó camas radio. La cama radio era una estructura hecha en metal, bastante sencilla, con cabezal y parte posterior unida por una base para sostener el colchón, sin largueros y sin  tablas. Se les llamaba cama radio porque tenía un espacio para incorporar un radio. Fernando Gutiérrez comenta que las camas radio fueron un tipo de mobiliario que surgió como respuesta a la necesidad de los consumidores por adquirir muebles baratos. Según Gutiérrez, estas camas son muebles de elaboración industrial y de carácter popular porque evocan el diseño y la decoración de las populares chivas[1].




Las camas que fueron intervenidas por González evidencian la decoración  que fue realizada previamente: el cabezal y la parte posterior están pintados con diseños decorativos de variados colores



En las camas radio existen elementos de creatividad particulares que ya se han mencionado pero que se pueden enumerar: la respuesta a las necesidades económicas y la demanda del consumidor, la creatividad en la creación de un objeto que soluciona varias necesidades simultáneamente –descansar y escuchar música–, una decoración que evoca elementos de la cultura popular como símbolos de identidad y que establece una nueva concepción de gusto dentro del devenir de las multitudes alejadas de los cánones de buen gusto desarrolladas dentro de la élite cultural.

 

En Youtube podemos apreciar un video del fragmento de una entrevista que Gloria Valencia de Castaño hizo a Beatriz González en el Pasaje Rivas para el programa “Correo Espacial”, dirigido por Rodrigo Castaño Valencia y realizado el 7 de Junio de 1978. La entrevista a Beatríz González se realiza entre el bullicio y el movimiento de personas propios del pasaje: mientras Gloria Valencia charla con la artista sobre los muebles que ha realizado, avanzan difícilmente por los estrechos corredores donde también circulan hombres y mujeres, algunos vestidos con ruana, y niños. Valencia se detiene algunas veces para hacer preguntas a los comerciantes que, curiosos, observan a las dos mujeres en ese acto tan inusual para el lugar donde se encuentran. Una de las preguntas de Castaño a uno de los comerciantes es acerca de la popularidad y la venta de las camas radio, además pregunta acerca del costo que tienen: las camas “se venden bien” y, para la entrevistadora, son “carísimas”.

 

Podemos detenernos para reflexionar acerca de la valoración del objeto por parte de la artista, quien encuentra, a partir de su experiencia en el Pasaje Rivas y con los mobiliarios que allí se comercializan, un gesto cultural para reconocer y analizar, y una fuente de imágenes que movilizan su propia creatividad. En la entrevista, la artista cuenta cómo llegó a estos particulares objetos: “Realmente es que en la calle misma empecé a ver los cuadros, los juegos de parqués, las camas recostadas… y un día entré y descubrí el mundo maravilloso del Pasaje Rivas, donde había cosas para todos los gustos y donde era un termómetro de qué era lo último que se estaba usando en artesanías y en decoraciones de muebles”. (Beatriz González, 1978).

 

Tanto la creatividad, que se manifiesta en el modo como la artista asume su relación con los objetos que adquiere, y la dimensión desde la que valora dichos objetos, son las que efectúan un cambio respecto al mobiliario y, también, respecto a su práctica y propuesta artística. “…aquí mismo en la puerta del pasaje estaban recostadas siempre, las camas radio, que me sirvieron para colocar el señor del Monserrate y para colocar … todas esas obras”. (Beatríz González, 1978).

 


Captura del video de la entrevista de Gloria Valencia de Castaño a la artista plástica Beatriz González en el Pasaje Rivas. Las dos mujeres charlan mientras avanzan por el estrecho corredor del pasaje, lleno de hombres, mujeres y niños que las miran con curiosidad.

Entrevista para el programa “Correo Especial”, realizado el 7 de Junio de 1978.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=y9PU-7RuWOg.




 

 

En el caso del consumidor también hay un acto de valoración del objeto, visible en los comentarios del comerciante respecto a la “popularidad” de las camas y en el precio que llega a tener. Valoración que, evidentemente, no solo implica la cantidad monetaria, sino un ejercicio de apropiación del objeto.

El video de la entrevista para el programa “Correo Especial” resulta documento interesante, también, porque permite identificar los personajes o los fenómenos que han estado presentes de manera indirecta a lo largo de este recuento sobre el Pasaje Rivas y los muebles de Beatriz González. Estos personajes o fenómenos son elementos esenciales al momento de entender lo que la existencia del Pasaje suscita en una reflexión sobre nuestra cultural. Encontramos al industrial cuya imaginación y creatividad engendran objetos que responden a las necesidades de la comunidad, los cuales tienen un carácter popular debido a su uso y su estética; la población, que consume o adquiere estos productos y que les da un valor; el artista, que asume una posición particular respecto a la interacción entre la producción y el consumidor; finalmente el crítico, como mediador entre el artista y el sentido que la obra adquiere en su contexto.

 

El Pasaje Rivas fue y ha sido un lugar donde hay espacio para la confrontación entre lo que es considerado de buen y mal gusto, entre lo que se puede considerar objeto de identidad, en artesanías elaboradas en materiales “propios” usados tradicionalmente, y objetos genéricos o “baratijas”, realizados en “materiales espurios”. Es una confrontación que puede evidenciar el paseante consumidor, que puede fijar su gusto entre uno y otro tipo de objetos de acuerdo a sus propias nociones de gusto; el paseante curioso, que en su recorrido puede sentir atracción por unos objetos en vez de otros; o el paseante observador culto, este último caso referente a Beatriz González, quien entra al pasaje con el propósito de estudiar fenomenológicamente la cultura, es decir, no pretende imponer una visión propia de la cultura sino que la abstrae a partir de un análisis orientado por su propia experiencia.

 

Sin embargo, en el Pasaje Rivas esa confrontación es una situación constante que nunca llega a término y que, por lo tanto, no elimina a un elemento por otro. Por esa razón, esa visión que tuvo Beatriz González del Pasaje como termómetro de concepciones y de prácticas de una comunidad diversa y contradictoria es una visión que se puede conservar para la actualidad. Es un lugar donde se presenta la confrontación de los objetos mencionados y, también, donde convergen: allí podemos encontrar objetos que satisfagan nuestra concepción acerca de lo bello y práctico, o bien, todo lo contrario, objetos que confronten dichas nociones. Es por ser ese punto de confrontación y convergencia que el Pasaje Rivas genera su atracción y resulta ser un rico objeto de observación o fuente de creatividad, tanto para los locales que allí exponen sus productos, como para un artista crítico, como lo es Beatriz González.

 

 

2.      Crítica a los muebles de Beatríz González por Marta Traba: cultura popular y progreso

 

En Los muebles de Beatriz González, Marta Traba establece un marco de referencia del contexto histórico en el cual Beatríz González desarrolla su trabajo con los muebles como herramienta para ubicar el mejor momento que, a consideración de la crítica, tiene la producción de la artista. Para Traba, Beatriz González es “la “pintora clave” para comprender un arte nacional”. (Traba, 1977: 8). Para defender esta hipótesis, que tiene un carácter fundamental, Traba reconstruye la trayectoria que, hasta ese momento a finales de 1970, ha llevado a cabo Beatríz González.

 

Me interesa establecer un diálogo con Traba en lo que refiere a mis anteriores apreciaciones sobre la creatividad popular de los industriales de las camas y lo que para ella significa estos elementos. Traba afirma que “La cama popular, en tanto que expresión directa de un sector del pueblo colombiano, suministra un ejemplo claro para verificar que, semánticamente, el arte popular no tiene fuerza para formular un sistema expresivo que no es capaz de crear un signo de soporte”. (Traba, 1977: 39). Con esto la crítica establece claramente un límite entre lo que, para ella, tiene valor artístico, que es el “arte culto” y lo que no, es decir, el “arte popular”.

 

Para Traba el arte popular está realizado bajo una serie de pautas como estar construido a partir de significantes, no de significados, que sea repetitivo, que responda a las necesidades del consumidor con el ánimo de ser aceptado, desvirtúan tanto el proceso como el producto resultado de ese proceso: “El arte popular no suministra datos acerca de la creatividad popular, como generalmente se afirma usando el tono romántico de exaltación del alma colectiva, sino informaciones acerca del grado de subdesarrollo que padece dicha colectividad”. (Traba, 1977: 40). La consecuencia de dicha actitud del arte popular es el de legitimar el discurso de dominación política a partir del uso repetitivo de los referentes populares y, por lo tanto, la aceptación sin criterio de los mismos.

 

Hay que marcar también que la posición que a Traba le interesa abordar respecto al arte popular es lo que Beatriz González pueda hacer con él y no valorar lo que sea este arte en sí mismo. Por esta razón Traba construye teóricamente el hacer y obrar de Beatriz González y determina que su postura es profundamente crítica y que toma el “mundo” del Pasaje Rivas y los objetos que allí se comercializan como fuente de creatividad. Por esa postura crítica es que Traba encuentra la actitud de respeto con el cual la artista se dirige a este contexto.

 

Sin embargo, las citas tomadas hasta aquí son material suficiente para entablar un diálogo con la crítica de arte respecto al Pasaje Rivas y la artesanía o el arte popular que allí se encuentra. Los comentarios de Marta Traba, elaborados bajo una estructura discursiva impecable y un andamiaje teórico referente de su cultura y de su lugar como crítica en Latinoamérica, suscitan preguntas sobre las que pienso tomar partido a continuación.

 

En primer lugar, se encuentra la pregunta respecto al nivel significante que tienen los objetos comercializados en el Pasaje Rivas. Marta Traba indicia que el arte popular y las artesanías fetichizadas como folclore no tienen el nivel semántico necesario para convertirse en objetos significantes. Las intenciones de la crítica de arte por darle un lugar fundamental a la actitud crítica desde el arte no le permiten fijarse en ese carácter que tiene el Pasaje Rivas como un lugar para la confrontación y la convergencia. Ciertamente, la postura de los comerciantes o los artesanos que allí exhiben sus productos no puede ser crítica pues eso eliminaría el deseo de consumir. Pero el Pasaje Rivas es un lugar abierto en el que la falta de un sesgo crítico para determinar qué es bello, digno de crítica o no es lo que precisamente le da su riqueza.

 

Pienso que este carácter abierto del Pasaje fue, precisamente, lo que atrajo a Beatriz González: en este lugar no hay cánon, no hay una sola definición posible de lo artístico, de lo bello o de lo estético, sino una convergencia de múltiples posturas que discuten; por este mismo motivo resulta un lugar difícil de apresar bajo una teoría o categoría, a menos que estas hablen de esa naturaleza inclasificable. A lo largo de su crítica Marta Traba menciona la resistencia que Beatriz González tiene a que su obra sea definida a partir de nociones teóricas o de que se le encasille en algún movimiento o se le atribuya alguna categoría estética.

 

Lo desarrollado en la primera parte del texto, en el que se encontraron elementos de creatividad y valoración de los objetos no solo por el artista sino también por los otros personajes que pertenecen al Pasaje Rivas, el productor, el comerciante y el consumidor, cuestionan hasta cierto punto la postura de Traba respecto a que “el arte popular no tiene fuerza para formular un sistema expresivo”. Puede ser una postura cuestionada desde la perspectiva del Pasaje Rivas y su carácter de lugar de confrontación y convergencia. Dichas categorías no hablan de una postura crítica por parte de un sujeto sino de la naturaleza de un contexto en la cual la colectividad realiza una serie de prácticas en las que sí se puede hallar una expresividad compleja.

 

Se trata de que el Pasaje Rivas es un lugar que genera reflexión, cuestionamientos, inquietudes, placer y/o displacer a aquel que lo observa desde la inquietud, debido a la serie de prácticas establecidas por una colectividad, prácticas no pensadas críticamente, pues no hay sesgo, sino prácticas imprevistas, inesperadas. Son prácticas que han persistido en el pasaje desde que este fue creado y que aún se ven reflejas, que mantienen su esencia a pesar del paso del tiempo.

 

Es imposible negar la diferencia y la distancia entre el arte culto y el arte popular. Para Marta Traba el carácter vanguardista de la obra de Beatriz González reside en su resistencia a que sea considerada arte culto, pues la obra misma es una burla y una subversión al prejuicio por estas categorías. Sin embargo, Marta Traba claramente ubica la obra de Beatriz González como arte culto en el que se hace crítica. Para Traba la obra de González remueve las bases sobre las que se legitima el arte culto, se burla de él, es subversiva ante sus categorías, genera un efecto transformador, pero no lo elimina sino que lo trasgrede.

 

Dicha transgresión no habría sido posible sin la inserción de elementos de la artesanía popular en la obra, en ella se encuentra el elemento que desordena y confronta valores previamente establecidos. No creo que esta trasgresión se deba a que el arte popular sea vulgar, gracioso o pintoresco sino a que fuera de su contexto y puesto en otro no deja de estar cargado de ese carácter múltiple, diverso y abierto que resulta incómodo cuando existen la pretensión de la unidad y el consenso.

 

Bibliografía

 

-          Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. (2010). Pasajes del centro histórico de Bogotá. Recuperado de: http://www.patrimoniocultural.gov.co/component/content/article/40.html.

-          Pevsner, Nikolaus. (2003). Pioneros del diseño moderno. Buenos Aires: Ediciones Infinito.

-          Sparke, Penny. (2010). Diseño y cultura. Una introducción. Barcelona: GG Diseño.

-          Benjamin, Walter. (2003). Libro de los pasajes. Madrid: Akal.

-          Ariza de Ávila, Enzo. (2008). Liberalismo, igualdad y democracia. Bogotá: Ediciones Unisalle.

-          Traba, Marta.  (1977). Los muebles de Beatriz González. Bogotá: MAMBO

 

Entrevistas

 

-          Audelino Gutiérrez, comerciante del Pasaje Rivas. Entrevista realizada por Lena Imperio

-          Fernando Gutiérrez, periodista y comunicador social, comerciante del Pasaje Rivas. Entrevista realizada por Lena Imperio, Camilo Fuente y Jaquelin López el 8 de octubre de 2014 en el Pasaje Rivas.

 

Imágenes de los muebles de Beatríz González

 

-          González, Beatríz. (2005). Beatríz González. Dirección, diseño y edición Benjamín Villegas; textos Holland Cotter, Carmen María Jaramillo, María Margarita Malagón; fotografía Oscar Monsalve. Bogotá: Villegas Editores y Seguros Bolívar.

 

Video

 

-          Correo Especial (1978). Entrevista a Beatríz González por Gloria Valencia de Castaño en el Pasaje Rivas [Vídeo]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=y9PU-7RuWOg

 



[1] El relato completo de Fernando Gutiérrez: “Beatríz González tomó muchos elementos característicos del Pasaje Rivas como fue la famosa cama radio. Es una cama de lata y venía con una estructura, más o menos una estructura como de 10 centímetros que era hueca, una cama metálica hueca, en ese hueco colocaban un radiecito y le abrían unos punticos a la cama de lata y ahí se escuchaba la música. Como decir una buseta. Entonces fue como algo muy popular. Y eso Beatríz González  precisamente tomó ese elemento de la cama radio como parte de la identidad popular de los bogotanos. Porque la pintaban igual que pintan hoy en día las chivas. Las pintaban de una manera no pensada, más o menos siguiendo los parámetros de las chivas de Medellín. Eran metálicas, todas hechas de metal. Las hacían aquí en el barrio de las cruces. Había muchas industrias y como ahí había mano de obra barata entonces ahí era donde hacían las famosas camas radio. Inclusive esas las hacía un tío mío que se llama Carlos Julio Rivero, Industrias metálicas River en esa época”.

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