Where is Esther Píscore as now? En Amarcord

Travesuras de la lengua, scherzos de las palabras: recuerdo de Daniel Rabinovich



Uno de los momentos más conocidos de los temas de Les Luthiers es el del accidente que dio como origen a "Esther Píscore", un personaje que resultó creado en uno de los delirios de lenguaje de Daniel Rabinovich. Un personaje que no es más que producto de la torpeza y la ignorancia de un médico (Rabinovich) quien discute con un colega (Marcos Mundstock) sobre la danza y la musa griega que la representa, Terpsícore. 

El médico o loco (nunca queda claro realmente qué son estos dos individuos que tratan al pobre mesero que de tanto en tanto los interrumpe) es inepto para reconocer de quién le hablan y de pronunciar correctamente el nombre de la semideidad. Toda la escena de cómo Mundstock intenta hacerle entender a Rabinovich de quién habla y de cómo se pronuncia el nombre de la musa griega, incluyendo la parte en la que le muestra dónde se debe poner la lengua tocando el paladar, es hilarante. Uno de los momentos más significativos en la historia de la comedia en habla hispana, hija de Cervantes. 



Anoche vi de nuevo Amarcord (1974), de Fellini, y encontré -como si fuera la primera vez que lo hacía- esta escena, también de puro slapstick, que seguramente fue la fuente de inspiración de los Les Lu. En este caso, se trata de una broma causada por el perverso pelirojo a su pintoresco profesor de griego, quien intenta enseñarle cómo se pronuncia la palabra Emarpsámen (dar alcance, alcanzar).



Han pasado siete años ya -jaja, escribo esto escuchando la voz de Mundstock cuando narra la historia de Manuel Darío- desde que Daniel Rabinovich, Neneco, el rey del slapstick, el clown, y la mímica de la comedia hispanoamericana, dejó este mundo. Así lo recuerdo, junto a Fellini, a quien Ravinovich admiró y absorbió de sus películas las fuentes de sus propios gags. 





Qué bonito encuentro entre estos creadores que amo locamente, los Les Luthiers y Fellini, en ese scherzo de la lengua y de la palabra en el que el lenguaje se eleva en su pesadez, juega, canta, baila, como un niño travieso. Ese papel de niño travieso, de perturbador del sentido, de burlador de las palabras que continuamente interpretó Ravinovich con ese fuego y carisma inolvidables.

Un saludo desde el plano de los no muertos, maestro.

Comentarios

Entradas populares