La belleza dignifica a una vida desgraciada: "Tess" (1979) de Roman Polanski


Polanski nunca deja de sorprenderme: con su elegancia, en la manera como hace sutil lo más perverso, y en ese manejo tan clásico de su cine, en sus formas tan medidas y organizadas. En Tess (1979) priman las cámaras quietas, los planos generales y panorámicos que plasman la pintura del realismo holandés; pinturas que se mueven delicadamente, colores que son susceptibles, en tiempo presente, a una luz de ensueños y al viento. Si algo nos enseñó el arte holandés del siglo XVII es que los colores son efectos de luz. 





Esta película me recuerda, por su cuidado riguroso de la composición pictórica, a "Barry Lyndon" (1975), de Kubrick. Ambas parecen tener esa impronta de eliminar los límites entre la imagen pictórica y la imagen cinematográfica aprovechando el lujo que da el cine de introducir sonido y movimiento al dibujo, los óleos y las pinceladas. 

Fotograma de Barry Lyndon.

La banda sonora en ambas películas es sustancial y tiene una serie de motivos que se repiten según el tono de las escenas. Es decir, la película también puede pensarse como una sinfonía; en Tess la banda sonora estuvo a cargo del compositor francés Philippe Sarde.



Tess contrasta con otras películas del mismo director, como Chinatown (1974) o Luna de hiel (1992) pues estas son salvajes y descarnadas; en ellas la violencia y la aberración humana priman. Una es previa y otra muy posterior a Tess, lo que me hace pensar que Polanski se ha sentido particularmente interesado -y tocado en carne propia- por el crimen, y fluctúa en maneras diversas de experimentar la violencia. 



A pesar de los contrastes, como decía, todas las películas del director tienen su firma en cada aspecto, incluyendo un casting impecable en el que la actriz protagonista es tan bella que hiere. A pesar de que Polanski tenía pensada esta película para su esposa, Sharon Tate, la selección de la legendaria Nastassia Kinski parece inevitable.

Tess es una película con un aura tenue y dramática que guarda el crimen y la sangre para el final. Es una hermosa disertación sobre las desgracias de la vida -Polanski acababa de perder a su esposa y a su hijo en ese repulsivo acto causado por los alienados hippies de Manson-, cuyo elemento simbólico principal es esa niebla que aparece en momentos determinantes de la película; la niebla que es punto de no retorno, la ambigüedad del camino, el andar por la selva oscura -recordando a Dante-. 


Y es una disertación sobre la manera como la sensibilidad por la belleza dignifica hasta el dolor más insoportable. Ese amor por la belleza que algunos llevamos unido a una melancólica incertidumbre ante el dolor y la muerte. Al final, Tess está lista para morir pues ha podido sentir en su alma y en su cuerpo la belleza del mundo, el amor recíproco de un hombre, lo sublime que hay en el misterio de la creación. 



Comentarios

Entradas populares